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LA ANGUSTIA: LO QUE NO ENGAÑA

Malestar contemporáneo, ansiedad y angustia

Consulta de psicoanálisis en Barcelona (Eixample Dreta) y sesiones online.

La angustia

Hay algo que no va. No siempre es fácil decir exactamente qué.

A veces aparece como una sensación corporal insistente, una inquietud que no cesa aunque aparentemente todo esté en orden, o una parálisis que surge justo cuando habría que actuar frente a algo. Otras veces se presenta como un malestar difuso, difícil de nombrar, que no se deja explicar del todo por las razones habituales. En muchos casos, la lógica de este padecimiento puede leerse clínicamente como angustia.

La angustia no es un error a eliminar 

La respuesta más habitual del discurso médico frente a la angustia suele ser intentar hacerla desaparecer cuanto antes: mediante la hiperactividad, la distracción, la medicalización, las técnicas de regulación o el esfuerzo por recuperar el control. En el campo del psicoanálisis no desconocemos estos recursos ni negamos que puedan aliviar momentáneamente. Pero no reducimos la angustia a un error del organismo biológico, a un fallo de adaptación o a un simple exceso emocional o afectivo.

Desde nuestra perspectiva, la angustia no es un malestar inespecífico ni una experiencia puramente interna. Desde la enseñanza de Lacan, nos propone que la angustia no engaña y que su irrupción exige ser leída en la lógica particular de cada caso.

Para profundizar en su articulación teórica, puedes consultar el artículo El papel de la angustia en Freud y Lacan.

¿Qué lugar tiene la angustia en el análisis? 

El trabajo analítico no parte del individuo concebido como una unidad biológica cerrada, ni de la persona como una identidad psicológica transparente para sí misma. Parte del sujeto del inconsciente: aquello que se articula en el lenguaje, en el lazo con el Otro y en las marcas que lo han constituido de forma particular a lo largo de su historia.

Más que ofrecer una explicación tranquilizadora o un sentido cerrado de antemano, el análisis abre un espacio para interrogar qué se pone en juego allí donde la angustia irrumpe:

  • Qué repetición fallida insiste en lo cotidiano.

  • Qué acto se encuentra suspendido o evitado.

  • Qué pregunta subjetiva ha quedado obturada.

  • Qué posición adopta el sujeto frente a ese sufrimiento.

¿Cómo se trabaja la angustia en la sesión analítica?

El dispositivo analítico no se orienta por la supresión ciega del síntoma ni por el adiestramiento en pautas de gestión o relajación. Se sostiene en el discurso, en la eficacia de la palabra: en lo que se dice, en los tropiezos del decir y en lo que se desliza de forma elíptica más allá de la intención consciente.

En ese recorrido, la angustia es leída en su articulación estructural con el decir y con el deseo. La angustia no afecta a un organismo biológico celular, sino a un cuerpo entendido como una superficie atravesada por el lenguaje. Por esta razón, el acto analítico no apunta a curar un tejido biológico, sino a posibilitar un cambio real en la posición del sujeto.

La angustia no es lo mismo que la ansiedad

En el lenguaje corriente y en las clasificaciones diagnósticas estandarizadas, angustia y ansiedad suelen tratarse como sinónimos. En psicoanálisis, más que operar desde una taxonomía estadística o descriptiva, interesa situar de manera estrictamente particular qué función lógica y qué coordenadas tiene ese afecto en cada historia.

Para conocer los fundamentos de esta diferencia, puedes leer el texto sobre la Diferencia entre ansiedad y angustia.

¿Cuándo consultar?

Tiene sentido consultar cuando la angustia interfiere de manera importante en la vida cotidiana, en ámbito laboral, en los vínculos afectivos o en la sexualidad, o cuando insiste la sensación de que algo no va aunque no se logre situar con claridad qué ocurre.

No hace falta disponer de un diagnóstico previo ni saber exactamente qué pasa para acudir.

  • Las primeras entrevistas: No constituyen una simple evaluación médica, sino un tiempo preliminar orientado a la puesta en forma de la demanda.

  • Localización de la causa: Permiten comenzar a situar la lógica inconsciente de ese malestar y transformar la queja pasiva en preguntas fundadas sobre la propia posición.

  • Inicio del tratamiento: Valoran si puede producirse el pasaje a la posición de analizante que dé lugar a un trabajo analítico continuado.

Mónica Negri — Psicoanálisis en Barcelona
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