Terapia Sexual

Terapia Sexual

¿Cómo nos relacionamos con el cuerpo sexuado a la luz de los síntomas que en ocasiones se presentan en los (des)encuentros sexuales?

Los síntomas sexuales más habituales en la terapia sexual son conflictos que derivan de fantasías, identificaciones imaginarias, experiencias sexuales traumáticas o insatisfactorias, sentimientos de culpa, autocontrol, distorsiones en la autopercepción sexual, vergüenza.

Trabajamos en el análisis sobre estos conflictos puestos en relación al deseo y la responsabilidad subjetiva.

Síntomas | inhibiciones sexuales

Los infortunios en el acto sexual fueron desde el comienzo para Freud una brújula. Una brújula que le indicó en sus primeras descripciones el norte del límite a la interpretación (en el hecho de si presentaban o no mecanismo psíquico) para toda esa parafernalia de fallos a la hora del encuentro del sujeto con su partenaire.

Siguiendo la lectura de Lacan, él define al síntoma como “evento del cuerpo” y eleva a su máxima expresión y redimensiona la idea freudiana cuando dice que los síntomas reemplazan “una modificación del mundo exterior por una modificación del cuerpo”.

  • Deseo sexual inhibido
  • Dificultades en la erección
  • Eyaculación retardada o precoz
  • Inhibición del orgasmo
  • Vaginismo (espasmo del introito vaginal)
  • Disfunción sexual general
  • Dispareunia

Objetivos terapéuticos

Lo más importante es que la manera de abordar los síntomas sexuales se sostiene en la escucha del decir del analizante bajo transferencia y profundiza en su decir, en su discurso para que él mismo pueda acceder a una interrogación sobre sus síntomas, qué es lo que le sucede y le ayude a transitar por un nuevo camino.Eventualmente se asignan tareas eróticas que el analizante formaliza en casa, solo o acompañado.
En primer lugar, el objetivo terapéutico de la terapia sexual no se halla desde mi posición como psicoanalista y sexóloga recortado y abocado a la resolución de los síntomas llamados tradicionalmente “disfunciones”, siendo que un abordaje tan específico y resolutivo de los síntomas sexuales sin tener en cuenta y considerar los conflictos psíquicos, es imposible.

En segundo lugar, el encuentro con un psicoanalista a veces en una sola o en pocas entrevistas, puede rectificar la posición del sujeto y marcar un antes y un después: en el alivio que produce actuar de acuerdo con el deseo y transformarlo en posibilidades de acción en la realidad y la reducción del sufrimiento que es posible encontrar cuando se reduce el alcance del goce sobre el sujeto.

En tercer lugar, no se trata de curar los síntomas en el sentido médico, pero tampoco de desinteresarse por los efectos de la sexualidad sobre ellos.

Para concluir, lo que el psicoanálisis nos enseña es que la sexualidad es siempre sintomática, que la relación sexual entre los seres humanos recorre distintos desfiladeros y cada desfiladero tiene sus propios guijarros y cada uno tendrá que saber cómo hacer con ellos.