MÓNICA NEGRI
Psicoanalista | Psicóloga General Sanitaria | Sexóloga
eyaculación precoz

Eyaculación precoz

Con posterioridad a los estudios de Masters y Johnson, cierta dificultad en la actividad sexual es denominada por la ciencia del sexo como eyaculación precoz y ubicada como un “problema”.

Confrontados a la dificultad de definir, delimitar, etiquetar, reducir, y someter con precisión científica el significante “eyaculación precoz” comienza su recorrido en el universo de criterios normativo, unos, apuntan al tiempo de duración coital (30 segundos), otros, al número de movimientos peneanos intravaginales, otros, al porcentaje de orgasmos alcanzados por tu pareja.

Una línea teórica, centra sus investigaciones en el control del reflejo eyaculatorio y los principales autores en esta línea son:

Helen Kaplan, quién afirma que un hombre con problemas en la fase orgásmica no tiene control sobre el orgasmo. “El aspecto crucial de la precocidad es más bien la ausencia de control voluntario sobre el reflejo eyaculador, independiente de si esto se da después de dos impulsos o cinco, de si ocurre antes de que la mujer alcance el orgasmo. Podemos decir, pues, que existe eyaculación precoz cuando el orgasmo se da de una manera refleja, esto es, cuando se halla fuera del control voluntario del individuo una vez alcanzado un intenso nivel de excitación sexual”.

Masters, Johnson y Kolodny siguen esta línea teórica cuando definen a la eyaculación precoz como esa eyaculación incontrolada, indeseada, anormal durante los escarceos amorosos o bien cuando se intenta el coito o a poco tiempo de iniciada la práctica sexual.

Para otros autores, la esencia del diagnóstico, de la definición y la calificación de precoz de la eyaculación se encuentra en la opinión “subjetiva” de “al menos uno de los miembros de la pareja”.

Es así como para Alex Comfort, denomina precoz “a la eyaculación que se produce antes de lo que desean ambos componentes de la pareja”. Contemplan la subjetividad, aunque siguen sin darle sentido al síntoma de cada sujeto y de que algo no anda bien, y no es, en la mayoría de los casos el tiempo que tarda un sujeto en eyacular.

En la definición que dan Gindin y Huguet, califica la eyaculación como precoz cuando “se presenta mucho antes de lo que el sujeto desea. Se define por la ausencia de su control voluntario.”

Ahora, la pregunta sería: ¿Quién o qué define que un sujeto “eyacula de manera precoz a los 30 segundos de llegar al orgasmo”? ¿Precoz para qué o quién? Si la normalidad y lo esperable de un comportamiento está vinculada a la conducta de un sujeto que no muestra diferencias significativas respecto a la conducta del resto de la comunidad. Que implica esto para el sujeto mismo?

¿Quién se autoriza a decir lo que es normal y/o esperable para la vivencia del cuerpo, de la actividad sexual y de la erótica?

Los discursos patologizantes y normalizadores sobre el sexo no dejan de ser otra cosa -como señalaba Foucault – que discursos utilizados para producir la sexualidad como un dispositivo de control, dispositivos de sexualidad que integra a todos los discursos y las prácticas que proliferaron alrededor del cuerpo y sus placeres y que fueron operativos para la naciente economía capitalista. En algún momento, fué al servicio de la reproducción, en otros para la homogeneización de los sujetos. Los científicos olvidan que si hay un área compleja en el sujeto humano, ésta es, la actividad sexual.

¿Cómo pensarnos como sujetos singulares, con nuestra particular manera de gozar, de experimentar y de amar?

La “ciencia del sexo” de alguna manera sostiene cierta ilusión de comprensión, de saber y de verdad. Todo puede ser de otra manera, no hay verdades únicas y menos aún universales. ¿Podemos deconstruir la normalidad?

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