En la Cama el beso Henri-Toulouse Lautrec

El mito del amor romántico: algunos apuntes

Como señala Onfray, “las piedras angulares del edificio que, para nuestra más grande desazón, todavía habitamos en relación al amor, se refieren a un mito de origen narrado por Aristófanes en el Banquete de Platón hace 2500 años”. Este ideal de amor, que convoca a cada sujeto a encontrar a otro que lo complete, produce un cierre en una totalidad y de esta imposibilidad, la experiencia del amor queda asociada inevitablemente al padecimiento y al dolor.

La consideración de la esfera como modelo de la pareja produce la mayoría de las neurosis de Occidente en materia de amor, sexualidad o relación sexual. Buscar una perfección sustancialmente inexistente y enarbolar un señuelo conduce con seguridad al desengaño, a la desilusión, a ese momento en el que se acaban los encantos e ilusiones artificiales del principio y empiezan las penalidades que los siguen.

Estas ideas generan la perspectiva de lo correcto, lo que debe ser adoptado como el ideal a una pareja perfecta: la exclusividad, los celos como signo de amor, el conocimiento del 100% del otro, el amor contra todo, el amor verdadero que perdona y aguanta todo, justificar por amor, la sumisión, la idea del sacrificio, la dependencia, la aprobación y un largo etcétera de ideales e imposiciones.

Cuando el otro irrumpe de verdad, se destruye esa idealización primera y comienzan los problemas. Se capta en la pareja la cuestión de la diferencia: no siempre hay acuerdos, ni esa ilusión de complementariedad, ni ese hacer de dos, uno, ni esa armonía ideal. Sabemos que si el otro es realmente otro y si es reconocido como tal, será incapaz de colmar nuestras demandas ni nuestros deseos. Aspirar a la fusión es renunciar a nosotros mismos en provecho de una figura alienante y es la negación del otro en su alteridad.

La cultura occidental, atravesada por el mito del amor romántico y de la complementariedad entre los sexos, marca cada una de nuestras ilusiones amorosas: la idea de un alma gemela, el príncipe azul, la mujer ideal, el hombre perfecto, son maneras en que el mito se expresa después de tantos siglos, «haciendo de la pareja y de la reconstitución de la unidad primordial el proyecto de toda tentativa amorosa».

¿Podemos salir de este esquema? ¿Por qué no reflexionar sobre estas ficciones amorosas que repiten hasta el empacho la misma historia?

El psicoanálisis desmitifica el concepto que tenemos del mito del amor romántico y tierno como el único digno de llamarse amor. Parecería que el hombre occidental insiste en esa irrealizable pretensión de continuidad, de fusión con el otro.

Incluso pedir reciprocidad en el amor es alienarse: ¿por qué nos devolvería el amado en esa reciprocidad sino lo mismo que no le damos? Tan solo un «yo también te amo», lo cual no nos asegura nada, simplemente sostiene la ilusión (que tal vez no sea poca cosa).

En la clínica, podemos ver que los hechos lo desmienten una y otra vez; quienes nos hablan del amor desde estas determinaciones no dejan de referirse a su desdicha, a los encuentros seguidos por los desencuentros y los malentendidos inevitables.

Al final, todo se resume a lo que uno busca de sí mismo en el otro, con nuestras carencias y nuestras expectativas. ¿Necesitamos del otro para satisfacer nuestras propias necesidades? ¿Buscamos la autoafirmación en el vínculo de amor? ¿O el otro es reconocido en su alteridad, en la diferencia?

Nos hemos identificado con este relato idealizado del amor, esas dos mitades incompletas que el destino está obligado a juntar, al sacrificio, a la entrega al otro, a la imposibilidad del cálculo de las pérdidas o de lo que uno se ha ido dejando por el camino.

Bibliografía

Kristeva, Julia, Al principio era el amor. Psicoanálisis y Fe. Gedisa. Bs. As. 1986. Lacan, Jacques, “Seminario 20. Aún”. Paidós. Bs. As. 1998. Laurent, Eric, Los objetos de la pasión. Tres Haches. Bs. As. 2000.

Masotta, Oscar, Lecturas de psicoanálisis Freud, Lacan. Paidós. Bs. As. 1992.

Onfray, Michel, Por una erótica solar. Teoría del cuerpo enamorado. Pre-Textos, 2008.

Imagen: En la cama, el beso, Henri Toulouse-Lautrec, 1892.