El Discurso de Tokio de Lacan: definiciones fundamentales del psicoanálisis
El 21 de abril de 1971, Jacques Lacan pronunció una conferencia en la editorial Kobundo de Tokio, con motivo de la publicación de la versión japonesa de Los Escritos. Este encuentro, organizado por el profesor Takatsugu Sasaki con el equipo de traductores, dio lugar a uno de los textos más esclarecedores sobre los fundamentos de la práctica analítica.
En el Discurso de Tokio, Lacan aborda preguntas esenciales: ¿Qué es el psicoanálisis? ¿En qué consiste la técnica analítica? ¿Qué es la transferencia? Y, fundamentalmente, ¿por qué propone el término «analizante» en lugar de «paciente»?
Lejos de ser una ascesis o un método basado en la sugestión, Lacan define el psicoanálisis como una técnica precisa que se sostiene en una regla fundamental: decir lo que se le ocurra al sujeto. A partir de esta práctica emerge algo infinitamente más rico y complejo: la transferencia, que debe ser analizada y no eternizada.
A continuación, los fragmentos centrales de este discurso fundamental.
El psicoanálisis no es una ascesis, es una técnica
“El psicoanálisis no es una ascesis, es una técnica, un artefacto muy preciso que está destinado a entrar en algo cuya verdadera naturaleza se trata justamente de concebir. Para que pueda andar en las condiciones en que anda, es decir que uno está en una situación que es la siguiente: algunas personas vienen a demandar algo acerca de lo cual ellas mismas no tienen ningún tipo de idea; lo que ellos demandan, es no sé qué cosa vaga que al menos en algunos tiene el apoyo de determinados síntomas de los que sufren y de los que quisieran desembarazarse. El psicoanalista es considerado a partir de ahí como una especie de potencia oscura que debe tener los medios para hacer maravillas”.
“Evidentemente, esto no es algo sobre lo cual jugamos. Quiero decir con esto que de todos modos hay que hacerle justicia al psicoanálisis en cuanto que no trata de jugar sobre esta dimensión de la sugestión y de la creencia y de la confianza; de la conducción, de la dirección de lo que llamamos el paciente. Si fuera esto, hace mucho tiempo que el psicoanálisis habría desaparecido de este mundo como ocurrió con algunas técnicas que jugaban sobre esa relación humana”.
El psicoanálisis es una técnica precisa
“El psicoanálisis es una técnica bastante precisa que juega sobre esta regla que uno le da al paciente de decir lo que se le ocurra. Naturalmente, uno lo orienta un poco hacia lo que podría ser interesante, se le enseña a ir un poco más allá de lo que comporta lo que se llama la confesión. Se les dice que es mejor que no se detengan por nada, incluso por cosas que pueden parecerles indiferentes o de mala educación, que las digan, como les vengan a la mente”.
“Que, a partir de esta práctica, se estabilice algo que es infinitamente más rico y más complicado, eso muy pronto sorprendió a quienes se pusieron a operar con esta práctica: es lo que llamamos la transferencia”.
La transferencia
“La transferencia es entonces algo muy diferente que ese enganche de la confianza y de la fe en el analista, en la medida en que, precisamente, se la analiza. Hay algo cierto, que esta realidad de la transferencia es algo muy oscuro; y sería mejor saber lo que se hace y que se ponga el acento sobre lo que forma parte del análisis de la transferencia. Es bien cierto que al hablar de ella de cierta manera y al hacer su teoría de cierta manera, uno termina en cosas muy oscuras y sistemáticas que desembocan en callejones sin salida. Esto está perfectamente localizado desde siempre”.
“Si se habló de neurosis de transferencia, es precisamente porque se vió justamente que la transferencia no se manejaba tan fácilmente como se pensaba. Al manejarla de cierta manera, se la eterniza. Establecemos algo que de algún modo es una nueva forma de neurosis, que se convierte en el tejido mismo de las relaciones del que es analizado con el que lo analiza”.
Paciente vs. analizante
“Lo que yo he enseñado tiene de todos modos este efecto: que permite escuchar de una manera completamente diferente lo que dice el paciente.”(…) limitémonos a llamarlo el paciente; lo que es una mala fórmula, y ustedes deben saber que yo lo llamo el psicoanalizante {psychanalysant}; lo que no es algo hecho para asombrar a una oreja habituada a la lengua inglesa, a pesar de que haya ahí un gerundio, que quiere decir “aquél que debe ser psicoanalizado”, esto de todos modos tiene una ventaja sobre el término francés usual hasta aquí, a saber llamarlo el psicoanalizado {psychanalysé}; porque en realidad estaríamos muy equivocados al llamarlo el psicoanalizado en tanto que no lo está, y no puede estarlo más que al final”.
“En tanto que no lo está llamémoslo el psychanalysant {psicoanalizante} en francés, esto pondrá un poco más el acento sobre algo activo pues es muy cierto que el psicoanalizante no es un puro y simple paciente, sino que tiene que suministrar un trabajo, pero este trabajo se trata de no dejarlo perderse, a saber, de reconocer lo que sucede”.
La apuesta ética de Lacan
El Discurso de Tokio nos ofrece posiciones y definiciones claras sobre conceptos que a menudo se malinterpretan. Lacan insiste: el psicoanálisis no juega con la sugestión ni la dirección, como sí lo hacen otras técnicas que terminan desapareciendo. La técnica analítica es precisa: se sostiene en la regla de la asociación libre.
La transferencia no es fe ciega en el analista, sino un fenómeno que debe ser analizado para no convertirse en una neurosis de transferencia eternizada.
Y el término «analizante» marca una posición ética fundamental: el sujeto en análisis no es un paciente pasivo que espera ser curado, sino alguien que realiza un trabajo activo. Solo al final de ese trabajo podrá llamarse «analizado».
Este cambio terminológico condensa toda una concepción del psicoanálisis: no como terapia, sino como experiencia de reconocimiento del propio deseo.
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