¿Qué diferencia hay entre psicoterapia y psicoanálisis?
Esta es una de las preguntas más frecuentes que escucho en mi consulta en Barcelona Aunque ambas disciplinas abordan el malestar psíquico, sus objetivos, métodos y concepciones del sujeto difieren radicalmente.
La psicoterapia, especialmente en su vertiente más tradicional, busca fortalecer el yo del paciente, adaptarlo a la realidad, dotarlo de herramientas para «conducirse mejor» en la vida. El psicoanálisis, en cambio, propone algo completamente distinto: la deconstrucción de las identificaciones imaginarias que han dado forma a ese yo.
No se trata de reforzar una estructura, sino de desarmarla para que emerja el deseo del sujeto. No se trata de aconsejar, sino de escuchar. No se trata de adaptar, sino de subjetivar.
En este artículo analizaremos tres niveles del trabajo analítico: el nivel del sujeto y la deconstrucción del yo, el nivel del falo y la lo sexual, y el nivel más complejo: el de la fantasía y el goce.
Primer nivel: La deconstrucción del yo:
Aquí se propone algo que es precisamente lo contrario de lo que propone la psicoterapia, ya que un análisis no se enfoca en la construcción de un yo fuerte, sino en la deconstrucción de las identificaciones imaginarias y alienantes que han dado forma al yo del sujeto.
Esto tiene importantes implicaciones clínicas: una psicoterapia que fortalece el yo del paciente (como es común en la escuela inglesa) no es lo mismo que sostener un análisis en el que el cuerpo «expresará» su sufrimiento. Realizar un análisis no equivale a tomar una taza de té con una tía que aconseja sobre cómo «conducirse» en la vida.
Segundo nivel: El falo y lo sexual
El análisis le otorga un peso especial en permitirle al analizante encontrar de qué modo, por ejemplo, establece su feminidad —sobre la base de qué tipo de identificaciones— y qué significa esta feminidad.
Tercer nivel: Fantasía y goce, lo más difícil de simbolizar
Este es, al mismo tiempo, el nivel más importante y el más complejo. En este nivel, se supone que el analizante está lidiando con su fantasía y su goce. Este es probablemente el nivel más desafiante por dos razones. Primero, la fantasía y el goce son extremadamente difíciles de expresar con palabras, y podría incluso ser imposible hacerlo debido a su naturaleza principalmente imaginaria (en el caso de la fantasía) y real (en el caso del goce), que a menudo carecen de contenido simbólico preciso. En segundo lugar, poner la fantasía y el goce en palabras implica que algunas partes de ellos pueden quedar fuera, lo que significa una pérdida adicional.
El dolor que el sujeto experimenta está arraigado en su cuerpo, es un dolor corporal. Sesión tras sesión, el analizante encuentra un espacio de subjetividad sonora y única que lo atraviesa y le da nuevo significado a su sufrimiento. Su síntoma no es solo algo para catalogar o buscar en un manual de diagnóstico. Está ahí para ser escuchado y, a su vez, leído. Solo se le pide una cosa: que hable.
El cuerpo, que es una rica fuente de goce y de saber, se convierte en el vehículo del discurso del inconsciente: la clínica psicoanalítica tiene la tarea de leer los mensajes que el cuerpo transmite, un cuerpo atravesado por palabras. Al trabajar con los pacientes, somos flexibles y éticos, sin caer en fundamentalismos, ya que eso equivaldría a una especie de religiosidad. Evitar este enfoque estrecho es una forma de ser sensibles con aquellos que están sufriendo, reconociéndolos como sujetos deseantes en lugar de objetos.
A modo de cierre:
Hemos recorrido los tres niveles fundamentales que diferencian el psicoanálisis de la psicoterapia convencional. En el primer nivel, trabajamos la deconstrucción del yo y sus identificaciones alienantes. En el segundo, exploramos la posición sexuada del sujeto en relación al falo. En el tercero —el más complejo—, nos enfrentamos a la fantasía y el goce, ese núcleo real difícil de simbolizar.
A diferencia de la psicoterapia que busca fortalecer el yo, el psicoanálisis propone una apuesta ética radical: reconocer al analizante como sujeto deseante y no como objeto a reparar. El cuerpo habla, el síntoma tiene algo que decir, y solo se le pide al analizante una cosa: que hable.
¿Te planteas empezar un análisis en Barcelona?
Si estás considerando iniciar un análisis, ten en cuenta que no se trata de encontrar consejos o soluciones rápidas. Se trata de un trabajo de deconstrucción y reconstrucción que toma tiempo. La primera entrevista es un encuentro confidencial para situar qué te trae y ver si este trabajo te conviene. No te compromete a continuar.
