El régimen del control digital
Deleuze anticipó que la deuda sería un mecanismo central de control en las sociedades posdisciplinarias. Esta deuda adopta la forma de una obligación perpetua de conectividad y participación. Se manifiesta, por ejemplo, en la necesidad constante de actualizar perfiles, la obligación de responder mensajes, la demanda de producir y consumir contenido, el imperativo de mantener una presencia en línea y la acumulación de suscripciones y servicios digitales. Este estado de endeudamiento perpetuo nos mantiene atados a ciclos de producción y consumo digital que mantiene al usuario en una cuenta pendiente interminable, como forma contemporánea de control digital.
El concepto deleuziano del “dividual” —la división del individuo en datos discretos— encuentra su realización perfecta en la era del big data. Ya no somos “individuos”, sino conjuntos de datos: historiales de navegación, patrones de consumo, métricas de engagement, puntajes de crédito social, perfiles de comportamiento predictivo… La subjetividad queda fragmentada y subordinada a las lógicas del control digital.
Deleuze utilizó la metáfora de la serpiente para contraponerla al topo de las sociedades disciplinarias. En el ecosistema digital, esta serpiente se materializa en algoritmos que se adaptan continuamente, sistemas de vigilancia que se infiltran en cada aspecto de la vida, interfaces que se moldean según el usuario y redes que se autooptimizan para maximizar el engagement. Todo este entramado configura un régimen de control digital permanente y ubicuo.
Algoritmos y la ilusión de libertad
Quizás el aspecto más insidioso del control digital sea su aparente libertad. El control se ejerce mediante la seducción de la conectividad infinita, la promesa de personalización, la ilusión de elección y autonomía, y la gamificación de la experiencia social. Lo digital se ha convertido en una red ubicua de puntos de control que modulan constantemente nuestra experiencia. La verdadera cuestión es: ¿cómo navegar un sistema que nos observa y regula perpetuamente, mientras mantiene la ilusión de libertad y autonomía?
El desplazamiento infinito (infinite scrolling) es una de las técnicas más efectivas para mantener a los usuarios dentro de una aplicación. Estas técnicas están diseñadas para captar y retener la atención mediante una combinación de estrategias psicológicas y patrones de diseño que explotan la fragilidad humana ante el refuerzo y la recompensa. Estas estrategias no son casuales: se basan en investigaciones neurocientíficas y conductuales orientadas a maximizar el tiempo de interacción con las plataformas. Instagram, TikTok o Twitter presentan contenido en un flujo continuo, eliminando puntos naturales de pausa, como llegar al final de una página.
Psicología del desplazamiento infinito
Una queja habitual de las personas es que no perciben el tiempo en el móvil como fructífero. Aunque existen usos educativos, creativos o comunicativos, predomina la sensación de que se “pierde el tiempo” en actividades superficiales. Al desplazarse, los usuarios se encuentran con contenido inesperado, reciente o relevante, lo que activa la liberación de dopamina en el cerebro, al tiempo que amplifica la ansiedad por no desconectarse, no responder o no estar al día… Esta forma de dependencia es una expresión más del control digital sobre el cuerpo y el tiempo del sujeto.
El diseño como tecnología de captura
Las notificaciones son una herramienta central en la captura de la atención. Se utilizan para interrumpir al usuario y redirigirlo hacia la aplicación, independientemente de lo que esté haciendo. Generan una sensación de urgencia. Plataformas como Instagram, TikTok o Facebook ajustan las notificaciones a los intereses y patrones de uso del usuario, haciéndolas más difíciles de ignorar. Muchas apelan a la necesidad de pertenencia y validación, por ejemplo, informando sobre “me gusta” o comentarios recibidos. Estas notificaciones fragmentan la atención, dificultan la concentración y fomentan la dependencia. Al revisar compulsivamente el móvil, las personas buscan evitar la incomodidad de la incertidumbre: ¿Quién me escribió? ¿Qué pasó?
El diseño de aplicaciones también utiliza principios de refuerzo intermitente, una técnica bien documentada en la psicología conductual. Cada “me gusta” o comentario actúa como recompensa social que refuerza el comportamiento de publicar o interactuar. Sin embargo, las recompensas no siempre llegan de inmediato, lo que genera anticipación y repetición del comportamiento.
Muchas aplicaciones integran elementos de juego, como insignias, niveles o métricas (por ejemplo, pasos en apps de fitness o visualizaciones en TikTok), que motivan a los usuarios a interactuar más. TikTok, por ejemplo, utiliza un algoritmo que combina contenido esperado con videos sorprendentes, manteniendo la curiosidad del usuario sobre “qué vendrá después”.
Resistencias en un mundo algorítmico
Sin embargo, como señaló Deleuze, cada sistema de control genera sus propias formas de resistencia. Una de ellas son las prácticas de descentralización radical, como la creación de infraestructuras verdaderamente autónomas que no dependan de corporaciones tecnológicas centralizadas (por ejemplo, proyectos basados en blockchain o software libre no monetizado). Tal vez sea necesario reformular nuestra relación con la tecnología, recuperando agencia mediante la crítica colectiva, la alfabetización digital y la exigencia de cambios estructurales. Una reconfiguración profunda de las dinámicas económicas y sociales que sustentan el ecosistema digital. Esto incluye cuestionar la acumulación de datos como base del modelo de negocio tecnológico, con el objetivo de recuperar cierto grado de agencia en un mundo cada vez más modulado algorítmicamente desde el el control digital.
En psicoanálisis, el deseo no es el dato ni se puede capturar como tal. El sujeto del inconsciente no se agota en sus trazas digitales. Por tanto, lo “político” del acto no sería tanto resistir entre deseo y dato, sino sostener el deseo en tanto tal, en tanto falta estructurante que escapa a todo algoritmo de predicción o captura. La lógica algorítmica trabaja con consumo, gozo cuantificable y repetición, pero el deseo como lo define Lacan —“el deseo es el deseo del Otro”, nunca plenamente colmable— no puede ser satisfecho ni convertido en dato. Esta imposibilidad es, precisamente, lo que funda la subjetividad.
Es precisamente esta condición la que nos permite resistir el simulacro de la libertad conectada, y navegar el océano infinito de información no como autómatas que todo lo consumen, sino como sujetos reflexivos, conscientes del precio de estar conectados. Frente a los sistemas de control digital que refuerzan el desplazamiento infinito, las notificaciones constantes y las recompensas intermitentes, desarrollar prácticas de desconexión y formas activas de resistencia. No se trata solo de recuperar la atención como recurso escaso, sino de reivindicar la autonomía como forma de estar en el mundo. Tal vez resistir el flujo —entre el deseo y el dato— no consista en elegir entre ellos, sino en recordar que el deseo no es cuantificable, que no hay algoritmo que lo capture. Sostener la división del sujeto frente a la ilusión de totalidad digital es, en sí mismo, un acto político y ético.
Bibliografía
Foto de Hernán Piñera en Flickr
- Deleuze, Gilles y Guattari, Félix (1980). Mil mesetas: Capitalismo y esquizofrenia. Valencia: Pre-textos.
- Deleuze, Gilles (1990). “Post-scriptum sobre las sociedades de control” en Conversaciones. Valencia: Pre-textos
- Deleuze, Gilles (1989). El pliegue: Leibniz y el Barroco. Barcelona: Paidós
- Lacan, Jacques (1985), Escritos, Kant con Sade, Siglo XXI
- Rodríguez, Pablo Manolo (2019). Las palabras en las cosas. Saber, poder y subjetivación entre algoritmos y biomoléculas. Buenos Aires: Cactus
