En La significación del falo, Lacan redefine el concepto de falo desde la perspectiva del psicoanálisis estructuralista, desvinculándolo de su dimensión imaginaria o anatómica para situarlo como un significante central en la economía del deseo, con efectos de significación. El falo opera simbólicamente en las relaciones humanas y en la estructuración subjetiva.
Lacan aclara que el falo no es un objeto concreto ni una fantasía imaginaria:
“El falo en la doctrina freudiana no es una fantasía, si hay que entender por ello un efecto imaginario. No es tampoco […] un objeto (parcial, interno, bueno, malo, etc…). Menos aún es el órgano, pene o clítoris, que simboliza.”
El falo es, más bien, un significante privilegiado que tiene la función de estructurar los efectos del significado en relación con el deseo:
“El falo es un significante, un significante cuya función, en la economía intrasubjetiva del análisis, levanta tal vez el velo de la que tenía en los misterios, pues es el significante destinado a designar en su conjunto los efectos del significado, en cuanto el significante los condiciona por su presencia de significantes.”
El falo como significante del deseo
El falo simbólico es el significante del deseo. Se trata de una función en el sentido matemático: la constante del significante fálico es ser el significante del deseo, dar la razón del deseo.
Cualquier significante que sea tocado por la dimensión del significante fálico toma la connotación del deseo. La característica del significante en Lacan es que un significante como tal no significa nada. El significante no opera si no es en relación con al menos otro significante, relación pensada en la espacialidad de una cadena significante.
El falo es el significante del deseo y todo lo que tenga que ver con el falo estará en relación con la dimensión del deseo. La pregunta “¿qué desea el otro sujeto de mí?” permite situar algo de esta lógica. Del desfase entre lo que el otro desea realmente de un sujeto y la interpretación que este sujeto hace nace su deseo, un deseo móvil y en un continuo intento por atrapar el deseo del otro.
Aquello que se supone que le falta al otro, aquello que el otro desea, recibe la denominación técnica de “falo”. El polémico falo no es un órgano ni un objeto sexual concreto: es el significante que marca que hay algo de lo que el otro carece y que el sujeto cree poder tener o incluso ser.
El falo puede pensarse así como un velo que cubre el deseo del otro. Más que un objeto concreto de deseo es la marca de que hay algo que el otro no tiene, es decir, que lo sitúa como un sujeto sometido a la castración como cualquier otro. Esto implica que no puede saberse definitivamente qué cosa podría colmar u ocupar legítimamente ese lugar vacío o semivacío.
El lugar del falo en la estructura del deseo
Lacan sitúa el falo en el campo del Otro, donde el sujeto accede al deseo, aunque de forma velada:
“Que el falo sea un significante es algo que impone que sea en el lugar del Otro donde el sujeto tenga acceso a él. Pero como ese significante no está allí sino velado y como razón del deseo del Otro, es ese deseo del Otro como tal lo que al sujeto se le impone reconocer.”
El falo no constituye, por tanto, algo que el sujeto pueda localizar simplemente como una cosa, una propiedad o un atributo. Su función se articula en el campo del Otro y en relación con el deseo del Otro.
Esta dinámica revela asimismo la división fundamental del sujeto, la Spaltung:
“El otro en cuanto que es él mismo sujeto dividido de la Spaltung significante.”
La cuestión del falo se inscribe así en una estructura en la que el sujeto no dispone de un saber transparente acerca de su propio deseo ni del deseo del Otro. El deseo se articula en el lenguaje y en la cadena significante, pero no puede reducirse a aquello que el sujeto conscientemente dice querer.
Sobre esta relación entre deseo, necesidad y demanda puedes leer también qué es la demanda y qué es la necesidad en psicoanálisis.
Falo simbólico y significante fálico
El falo simbólico ¿Qué es? Es el significante del deseo, es una función en el sentido matemático, la constante del significante fálico es ser el significante del deseo, da la razón del deseo.
Es decir, cualquier significante que sea tocado por la dimensión del significante fálico va a tomar la connotación del deseo. La característica que tiene el significante en Lacan es que un significante como tal, no significa nada. El significante no opera si no es en la relación de al menos otro significante, relación pensada en la espacialidad de una cadena.
El falo es el significante del deseo y todo lo que tenga que ver con el falo va a estar con relación a la dimensión del deseo. «¿Qué desea el otro sujeto de mí?» Del desfase entre lo que él otro desea realmente de un sujeto y la interpretación que este sujeto hace nace su deseo, un deseo que es móvil y estará en un continuo intento por atrapar el deseo del otro. Aquello que se supone que le falta al otro, aquello que el otro desea, recibe la denominación técnica de «falo».
El polémico «falo» no es más que el significante que marca que hay algo de lo que el otro carece y que el sujeto cree poder tener o incluso ser. Toda interpretación sexual de este concepto es una vulgarización que lo pervierte totalmente
El falo no es más que una interpretación, un velo que cubre el deseo del otro. Más que un objeto concreto de deseo es la marca de que hay algo que el otro no tiene, es decir, que lo convierte en un sujeto sometido a la castración como cualquier otro. Y es importante retener que lo anterior implica que no se puede llegar a saber nunca qué cosa podría colmar, ocupar legítimamente ese lugar vacío o semivacío.
¿Qué tipo de deseo se trata?
Se trata del deseo en todos sus sentidos: aquello que puede ponerse en juego como meta, objetivo o ideal, pero también aquello relacionado con la dimensión corporal, la atracción o la pasión.
La dificultad consiste precisamente en que el significante fálico no coincide con ninguno de esos objetos. Cuando el sujeto puede decir “yo quiero tal cosa”, “esto me haría feliz” o “me encanta tal cosa”, ya se encuentra en otro plano: aquello que puede imaginar, representar o alcanzar pertenece al campo de la significación fálica.
En la medida en que se trata de una función significante, el falo no se pone en juego en algo que se pueda nombrar, representar, porque el falo funciona como un elemento que se desliza bajo la cadena significante. Es decir, el significante fálico toca determinados significantes y los vuelve significantes del deseo, pero en sí mismo el falo no significa nada.
Para desarrollar específicamente esta cuestión puedes consultar también el deseo en Lacan.
Falo imaginario y significación fálica
En todo lo que tenga que ver con el falo imaginario hablamos de la dimensión representacional del falo: es decir todo aquello que puedo imaginar, idear, fantasear ó poner en una imagen pictórica, por eso está en el plano de lo imaginario.
De este modo todos los elementos que son tocados por el significante del deseo, en el punto donde se imaginarizan sufren lo que Lacan ubica como una degradación (convertirse en representaciones concretas de aquello que el sujeto considera deseable).: por ejemplo: cuando yo puedo decir «yo lo que quiero es tal cosa», «lo que me haría feliz es…», «como me encanta tal cosa», en ese plano estoy en el plano de la significación fálica porque la puedo imaginar, representar, alcanzar, tocar y todas las posibilidades de las imágenes de la realización fálica.
En la obra de Freud esto se pone en juego en las llamadas ecuaciones simbólicas fálicas. La representación del pene puede establecer relaciones de equivalencia con el hijo, el dinero, las joyas, la vestimenta y otros elementos que ocupan el lugar de algo deseable. Todos estos modos de representación de algo imaginarizable se encuentran del lado de la significación fálica y no del significante fálico.
Cuando se trata del significante fálico no lo podemos nombrar, simplemente es el funcionamiento del deseo, no sabemos decir que es lo que nos produce el deseo, pero algo produce el movimiento del deseo: estudiamos, trabajamos, nos enamoramos, es decir, eso funciona, no podemos nombrarlo, no sabemos que es lo que nos causa, simplemente funciona como significante del deseo y se desliza metonímicamente en la cadena, cuando podemos nombrar, esto es lo que yo quiero estamos en el plano de la significación fálica, el falo imaginario.
La diferencia es fundamental: cuando se trata del significante fálico no podemos nombrar aquello que causa el deseo como si fuera un objeto determinado. Simplemente se trata del funcionamiento del deseo, algo produce el movimiento del deseo: estudiamos, trabajamos, nos enamoramos, es decir, eso funciona, no podemos nombrarlo, no sabemos que es lo que nos causa, simplemente funciona como significante del deseo y se desliza metonímicamente en la cadena. Cuando podemos nombrar, «esto es lo que yo quiero» estamos en el plano de la significación fálica, el falo imaginario.

*(Aufhebung) quiere decir anulación y elevación de imagen a la calidad de significante. También elevar a una potencia a una situación superior. Ser anulado solo hay una clase de cosa que pueda serlo y es un significante: Cuando anulamos cualquier cosa distinta ya sea imaginario o real la elevamos al grado a la cualificación del significante.
Es decir, esa anulación implica tachar, marcar con una barra: cuando el significante se presenta como anulado, marcado por la barra, es cuando tenemos un producto de la función simbólica. Esa barra, esa tachadura se produce con relación a la imagen y en ese punto cuando la imagen se tacha, se eleva a la calidad de significante. Esa tachadura implica perder la dimensión del falo imaginario.
El falo se establece por su función, no es imaginario o del orden de la fantasía como efecto imaginario, no es el objeto (bueno, malo interno) y menos aun es el órgano pene o clítoris […]
Ser y tener el falo
Las relaciones entre los sexos están estructuradas en torno a la dialéctica entre ser y tener el falo. Esta relación genera un doble efecto: Lacan escribe:
“Estas relaciones girarán alrededor de un ser y de un tener que, por referirse a un significante, el falo, tienen el efecto contrariado de dar por una parte realidad al sujeto en ese significante, y por otra parte irrealizar las relaciones que han de significarse.”
La cuestión no consiste en poseer realmente un objeto llamado falo. Ser y tener son posiciones articuladas alrededor de un significante y de la falta que ese significante introduce.
En esta lógica interviene también el parecer:
“Esto por la intervención de un parecer que se sustituye al tener, para protegerlo por un lado, para enmascarar la falta en el otro.”
Una persona que se siente constantemente insegura en sus relaciones y busca validación continua de su pareja para “probarse” como deseable puede experimentar celos intensos o sentir que nunca es “suficiente”. Aquí puede ponerse en juego la necesidad de tener aquello que funcionaría como signo de potencia simbólica.
El sujeto puede quedar atrapado en la fantasía de que la posesión de determinados objetos, atributos o reconocimientos —poder, éxito o validación, por ejemplo— resolverá su inseguridad. Sin embargo, el significante siempre está velado. Su deseo continúa mediado por aquello que supone que el Otro desea de él.
Mascarada y demanda de amor
En otra posición, un sujeto puede buscar ser el falo, lo que la lleva a participar en una mascarada que le permite simular un deseo que es, a la vez, propio y ajeno:
“Es para ser el falo, es decir, el significante del deseo del Otro, para lo que (la mujer) va a rechazar una parte esencial de la femineidad, concretamente todos sus atributos en la mascarada.”
En esta dinámica la demanda de amor desempeña un papel central al introducir una reducción del deseo al ámbito de lo demandado:
“Estos ideales reciben su vigor de la demanda que tienen el poder de satisfacer, y que es siempre demanda de amor, con su complemento de la reducción del deseo a demanda.”
Por ejemplo, una persona puede asumir roles de gran responsabilidad en la familia, en el trabajo o como cuidadora y, al mismo tiempo, sentirse agotada y despojada de sí misma, puede manifestar relaciones insatisfactorias en las que busca reconocimiento más que intimidad. En esta situación, el sujeto intenta ser el falo al convertirse en aquello que imagina capaz de responder al deseo del Otro, asumiendo el lugar de quien sostiene, resuelve o lo tiene todo bajo control. En este intento, puede estar participando en una mascarada, para ajustarse a los ideales que imagina que el Otro espera de ella.
El límite de la comedia
Las relaciones entre los sexos operan como una comedia simbólica, donde los ideales y comportamientos de cada género son representaciones bajo la marca del falo:
“Tiene el efecto de proyectar enteramente en la comedia las manifestaciones ideales o típicas del comportamiento de cada uno de los sexos, hasta el límite del acto de la copulación.”
Lacan muestra así cómo el falo opera como un punto nodal en la estructura del deseo. Esta estructura simbólica es una función significante articulada con la falta, el deseo y el campo del Otro.
La diferencia entre significante fálico y significación fálica permite precisar esta lógica. El primero no puede reducirse a una representación concreta: funciona en la cadena significante y da razón del movimiento del deseo. La segunda corresponde a aquello que puede adquirir una representación, una imagen o una forma particular como objeto deseable.
Desde esta perspectiva, la lógica fálica atraviesa las formas en que el sujeto intenta situar qué quiere el Otro, qué puede faltarle, qué podría tener o ser para responder a ese deseo y qué objetos imagina capaces de resolver esa falta. Pero aquello que causa el deseo no queda definitivamente fijado en ninguno de ellos.
Ese trabajo de lectura del significante es el que sostiene la clínica lacaniana.
Bibliografía citada y/o consultada
- Lacan, J. (1966). Escritos. “La significación del falo”. Siglo XXI Editores.
- Lacan, J. (1964). El Seminario. Libro XI: Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Paidós.
- Lacan, J. (1960). El Seminario. Libro VII: La ética del psicoanálisis. Paidós.
- Lacan, J. (1973). El Seminario. Libro XX: Otra vez. Encore. Traducción de Ricardo Rodríguez Ponte.
Imagen: Jacopo Zucchi, pintor manierista (Florencia,1541) realizó la obra tardía (1589) Amor y Psique, también llamada Psique sorprende a Amore, ilustrando una interpretación de una escena narrada por Lucio Apuleyo en su Metamorfosis o el asno de oro, escrita en el siglo II d.C.