La ira de los dioses - René Magritte

La ira en la literatura: de la Ilíada a Lacan

La ira en la Ilíada

La Ilíada se inicia con la cólera de Aquiles, pasión inspirada en los dioses que justifica al héroe como tal: venganza heroica para defender no solo su propia vida individual, sino también la integridad y supervivencia de su grupo y su estirpe.

La ira, como protección contra la amenaza de sumisión total al enemigo, y la venganza, como reintegración de la plenitud de la libertad propia del héroe, «son el derecho y el deber constitutivo del señor en los relatos homéricos y legitiman su poder: así se justifica la cólera que lo lleva a la venganza y a la destrucción total del enemigo. Aquí es necesario tener en cuenta que es en el centro de la pasión colérica donde destaca el sentido subjetivo de la propia identidad del héroe».

El significado de «ira» en latín

Ernout y Meillet sitúan que en latín «ira» adquirió con el tiempo un significado más amplio, no solo cólera sino pasión violenta en general. Originalmente aludía a lo divino e incontrolable. Hoy distinguimos ira, más vinculada a lo divino, de cólera.

Señalan que a veces, en la poesía de Virgilio y Horacio, ira no significa específicamente cólera, sino pasión o deseo violento. «Esto implicaría que, probablemente, la acepción del término se haya vuelto más amplia con el correr del tiempo. Pero es evidente que en los comienzos la pasión por antonomasia, aquella que se entroncaba directamente con el movimiento y velocidad de los dioses, fue la ira, y tal vez, luego, lo incontrolable por excelencia, para bien y para mal –así como modernamente suele considerarse que la pasión por antonomasia es el impulso amoroso sexual–».

En nuestra lengua existe una clara distinción entre ira y cólera, siendo la ira utilizada como atributo divino y se expande en la pasión europea y en las religiones de la cólera de los dioses; mientras que la sensualidad femenina, aunque ampliamente representada en el mundo helénico, parece encontrar su hábitat dominante en el erotismo religioso de la India. No estamos ante la presencia de arquetipos inmutables: en nuestros días, el varón guerrero es desplazado por el varón emprendedor y racional, y «la mujer desencadenada de los coros griegos se vuelve la mujer intuitiva, a menudo objeto antes que sujeto sexual».

Relación etimológica entre deseo sexual e ira

Si observamos «desde una perspectiva etimológica, el deseo sexual parece estar más cercano a la cólera que al placer o al amor. Es decir, parece haber un dinamismo de violencia cercano a la ira en la pulsión erótica desde la creación misma de las palabras que se refieren a esta esfera». Esta coexistencia de la cólera y la pulsión sexual se pone particularmente de manifiesto en los casos donde aparecen la ira (eis en su derivación latina) por una parte y los (es) trógenos (derivación griega transmitida al latín) por otra.

La ausencia de la cólera en la teoría freudiana

Si proyectamos las nociones abarcadas en eis hacia el pensamiento freudiano esta raíz apunta al dinamismo de lo inconsciente con sus pulsiones opuestas que llegan a entremezclarse: «Por un lado, una pulsión negativa, tanática o de muerte, que busca saciarse en la destrucción de un enemigo (a veces amado enemigo), al que tritura, como lo hace la mantis religiosa. Y por otro, la libido propiamente dicha, la incontenible fuerza orientada en última instancia al placer y a la fusión erótica». La pulsión de muerte no es ajena al escenario de la libido, como lo muestran los últimos textos de Freud.

Sin embargo, no parece haber textos psicoanalíticos que sugieran una vecindad específica de la ira con la pulsión sexual, como parece hacerlo el vocabulario indoeuropeo. Cuando Freud habla de la destrucción, el odio y la agresión –cuya fusión con el Eros se hace particularmente patente en el sadismo–, no parece estar hablando propiamente de la cólera según la comprendemos aquí. El colérico no busca deleitarse sexualmente en los sufrimientos de su oponente; su furia carece de los tiempos lentos con que suelen solazarse los torturadores. «La cólera –que se arraiga en el narcisismo y la omnipotencia– arrasa con el enemigo no porque quiera destruirlo como tal –como lo hace el odio–, sino porque lo visualiza como un obstáculo amenazador para el logro de un propósito determinado».

Es importante recordar que la cólera a menudo se moviliza por un deseo de reparación de la injusticia, que no puede confundirse totalmente con el espíritu de venganza

Una lectura más conciliatoria, en caso de que quisiéramos concordar las intuiciones freudianas con la sabiduría indoeuropea podemos decir que la pulsión erótica puede orientarse en dos instancias: la de fusionarse entregándose y la de conquistar apropiándose. En esta última, «el objeto amado se percibe como un obstáculo a la expansión ilimitada y a la apropiación total del mundo que trata de ejercer el amante agresor-destructor, y no es imposible que la cólera estalle a veces, entremezclada con el deseo de dominio y de agresión. Esta sería una lectura más conciliatoria, en caso de que quisiéramos concordar las intuiciones freudianas con la sabiduría indoeuropea».

La ausencia de la cólera en la teoría freudiana

En general, es importante reconocer que Freud se detiene en el odio, la envidia, el miedo, la melancolía y la culpa, pero no menciona en particular a la cólera ( la cólera es mencionada en Estudios sobre la histeria por Breuer, 1893-95). Esto puede deberse a que la cólera se relaciona con el poder, un tema que Freud evitó cuidadosamente en toda su obra. Sin embargo, es un hecho indiscutible que en el recorrido etimológico que ofrece el eis, la pulsión sexual se halla más cerca de la ira que del placer o del amor. Para Freud, la pulsión sexual se relaciona ante todo con la ambivalencia del amor-odio que subyace a la relación del ego con el objeto de su elección. Además, existe evidencia de que en muchas lenguas indoeuropeas –quedan testimonios fehacientes en las lenguas actuales– el coito está equiparado con la agresión física del varón hacia la mujer.

Diferencias entre ira y agresividad

Es importante señalar que el problema de la distinción entre ira y agresividad en la interpretación de eis puede deberse a que la noción de agresividad pareciera ser más moderna y abstracta que la noción de ira. Aunque la ira implica agresividad, no todas las agresiones implican ira: «hay agresiones que se disimulan bajo la ironía y otras actitudes en general mucho menos intensas que la ira, y alejadas de la violencia que la ira implica». En particular, no parece que en toda agresión esté latente la posibilidad de la ira.

La cólera en Lacan

La cólera es una pasión, sin duda, que se manifiesta por cierto correlato orgánico o fisiológico, por cierto sentimiento más o menos hipertónico, incluso de elación; pero que quizás necesita algo así la cólera como una reacción del sujeto a una decepción, al fracaso de una correlación esperada entre un orden simbólico y la respuesta de lo real. (Lacan 2000, p. 127)

“No olviden que “neid” no quiere decir simplemente un anhelo, sino literalmente que me enfurece. Todas las subyacencias de la agresividad y de la cólera están ciertamente en este “neid” original, en las formas antiguas del alemán, incluso del anglosajón”. (Seminario 5, pp.461)

[…] lo real que llega en el momento en que hemos hecho una muy bella trama simbólica, en que todo va muy bien, el orden, la ley, nuestro mérito y nuestra buena voluntad. De repente nos damos cuenta de que las clavijas no encajan en los agujeritos. Ese es el origen del afecto de la cólera. Todo se presenta bien para el puente de pontones en el Bósforo, pero hay una tempestad que agita el mar. Toda cólera es agitar el mar. (Lacan 2014, p.159)

Cuando el tropiezo cobra la forma de la decepción

Volviendo a la cólera, podemos situar que ésta se hace presente en esos puntos en los que lo real se pone en cruz para que las cosas no anden, pero no bajo cualquier forma, sino cuando el tropiezo cobra la forma de la decepción. La decepción amorosa, la decepción cuando el obsequio no es el esperado, la decepción cuando no llega el reconocimiento del Otro, pueden ser consideradas formas típicas. ¿Qué implica la decepción? No es la castración del Otro, sino más bien el encuentro con la disparidad, esa falla en el correlato entre lo esperado y lo obtenido. Tal vez por eso la respuesta frente a la decepción no sea la angustia, sino la irrupción de la cólera.


Bordelois, I. Etimología de las pasiones (Spanish Edition) (p. 30). Libros del Zorzal. Edición de Kindle.

Ernout, A. y Meillet, A. Dictionnaire étymologique de la langue latine. Histoire des mots. París: Klincksieck, 2001.

Freud, S. Más allá del principio del placer (1920), El malestar en la cultura (1930).

Lacan, J. El seminario 5. Las formaciones del inconsciente (1957-58). Buenos Aires: Paidós. 1999.

Lacan, J. El seminario 6. El deseo y su interpretación. (1958-59). Buenos Aires: Paidós. 2014.

Lacan, J. El seminario 7. La ética del psicoanálisis. (1959-60). Buenos Aires: Paidós. 2000.


Imagen: La ira de los dioses – René Magritte