El modelo biomédico
«Hemos aprendido que la sociedad de consumo indujo unas estrategias del deseo exigentes e insaciables, cuya primera consecuencia es la inestabilidad psicológica, la ansiedad y esa intolerancia al duelo, la depresión y la frustración que tan acertadamente nos caracteriza. Una vez instaurado el derecho a la felicidad como una exigencia irreemplazable, cualquier fallo, lentitud o tropiezo del deseo nos vuelve pacientes de la psiquiatría con excesiva facilidad.»
(Álvarez, 2018)
El surgimiento de la salud mental en el sector público de salud
El interés de la Salud Pública por la salud mental es un fenómeno relativamente reciente, que surge a mediados del siglo XX. Antes, los problemas de salud mental eran vistos como un campo exclusivo de los expertos en enfermedades mentales. Sin embargo, a partir de 1948, otros profesionales comenzaron a interesarse en este ámbito.
El proceso por el cual la salud mental se incluyó en la Salud Pública no respondió a un solo evento, sino a varios impulsados por factores sociales, económicos y políticos. Estos factores influyeron en el concepto de “Salud Mental” formulado por la OMS, que hoy en día es la base de las políticas y planes de salud mental a nivel global!
Algunos de los eventos clave en este desarrollo fueron:
- La preocupación por el coste de mantener a enfermos mentales institucionalizados (1961)
- La lucha por los derechos de los enfermos mentales, como la Declaración de Caracas (1990)
- La aparición del modelo de «Historia Natural de la Enfermedad» y su perspectiva preventivista
- La política sanitaria basada en la idea de la salud como una inversión para el desarrollo, característica del Estado de Bienestar
Crítica al modelo biomédico de «salud mental»
El concepto de «salud mental» sigue enmarcado en un modelo biomédico que patologiza las experiencias humanas, en lugar de abordarlas desde un enfoque contextual. Esta crítica proviene principalmente de corrientes teóricas como el psicoanálisis, la psicología crítica, la antipsiquiatría, algunos enfoques posmodernos y construccionistas sociales.
El argumento central es que el modelo biomédico dominante en «salud mental» tiende a reducir el sufrimiento humano a meras cuestiones biológicas o desequilibrios químicos en el cerebro. Se critica que se patologicen y medicalicen en exceso experiencias y formas de sufrimiento que pueden tener raíces más profundas en los contextos sociales, culturales, políticos y económicos de los sujetos que modelan en gran medida la experiencia del sufrimiento. La crítica apunta a que el concepto de «salud mental» está anclado en un paradigma patologizante y descontextualizado.
Desde esta perspectiva crítica, el concepto de «salud mental» está influenciado por la psiquiatría biomédica, centrándose en etiquetar y tratar «trastornos» mediante fármacos y terapias orientadas al ajuste a la «normalidad» como la terapia cognitivo-conductual (TCC). Se propone, en cambio, comprender el sufrimiento subjetivo dentro de sus contextos vitales, explorando los significados y las narrativas de las personas.
Asimismo, el modelo biomédico es reduccionista, ignora la complejidad de la experiencia humana y se centra en los síntomas más que en las causas subyacentes. Factores sociales como la pobreza, la opresión, el malestar laboral, la discriminación, el racismo, la violencia, la contaminación y la imparable presión fiscal de los gobiernos juegan un papel crucial que es a menudo minimizado.
«Sin embargo, sea cual sea el prisma desde el que se abordan dichas dificultades y ambigüedades, el hecho fundamental reside en proponer un sujeto sometido y determinado por las leyes biológicas de la enfermedad: un sujeto al que se le secuestran tanto su responsabilidad y participación en su propia locura como sus capacidades de dirigir las maniobras para remediarla o limitarla; el sujeto ya no cuenta más que como paciente o como enfermo y, en el mejor de los casos, como testigo de la inercia a la que le somete su enfermedad.» (Álvarez, 2018)
Perspectivas alternativas y críticas
Una de las principales figuras de la antipsiquiatría que criticó el modelo biomédico fue el psiquiatra Thomas Szasz, quien en su libro «El mito de la enfermedad mental» (1961) inició un debate mundial sobre los denominados «trastornos mentales». Szasz argumentó que estos son problemas de la vida, no enfermedades médicas reales. En palabras de Szasz: «Si se observa la situación en la vida de una persona a la que se diagnostica, vemos que no sufre una enfermedad sino una conducta indeseable». Y los internamientos psiquiátricos funcionan bajo una conspiración de silencio hacia aquellos que incomodan con sus comportamientos «anormales», de donde se sigue que la esencia de la locura es el disturbio social, lo que –en un alcance político– podemos denominar disidencia.
En 1970, Szasz publicó «La fabricación de la locura: estudio comparado de la inquisición y el movimiento de la salud mental», un monumental estudio histórico dedicado a demostrar que, con el declinar de la cosmovisión teológica y del poder del Estado Teocrático (la alianza del estado y la religión), y el ascenso de la cosmovisión científica y del poder del estado terapéutico (la alianza del estado y la medicina y, en particular, la psiquiatría), el mito teológico de la herejía fue reemplazado por el mito científico de la enfermedad mental, la persecución de brujas y herejes por la persecución de pacientes mentales y drogadictos, y la burocracia papal de la Inquisición por la burocracia estatal de la psiquiatría institucional.
La construcción social de la locura
Otro pensador influyente fue Michel Foucault, quien en su obra «Historia de la locura en la época clásica» (1961) analizó cómo el concepto de «locura» ha sido construido socialmente y utilizado como mecanismo de control y exclusión. Foucault sostiene que «la enfermedad mental ha sido calificada de forma masiva como desviación mental en relación con una norma dada».
Desde la psicología crítica, autores como Ian Parker han cuestionado el «individualismo psicológico» que reduce los problemas a disfunciones individuales descontextualizadas. Parker afirma que «la psicología dominante acepta demasiado fácilmente las categorías de la psiquiatría biomédica».
Las tecnologías «psi»
Asimismo, Nikolas Rose ha analizado cómo el concepto de «salud mental» está íntimamente ligado a racionalidades políticas y mecanismos de gobernanza de la conducta humana. En su visión crítica, Rose plantea que «las tecnologías ‘psi’ de la psiquiatría, la psicología y la psicoterapia se han convertido en verdades incuestionables sobre el ‘yo’ contemporáneo».
Investigación relacionada
Estas cuestiones se desarrollan también desde una perspectiva empírica en el artículo «Medicalización: evolución de la prescripción de psicofármacos (2017-2023)», de Rafel X. Vidal-Serra y Mónica M. Negri Guadalupe, publicado en Intercanvis. Papers de Psicoanàlisi.
- Álvarez, José María (2018), La invención de las enfermedades mentales, pág. 6. Gredos. Edición RBA Kindle.
- Foucault, M. (1967), Historia de la locura en la época clásica. Fondo de Cultura Económica
- Parker, I. (2007), Revolution in Psychology: Alienation to Emancipation. Londres: Pluto Press.
- Rose, N. (1998), Inventing Our Selves: Psychology, Power, and Personhood. Cambridge: Cambridge University Press.
- Szasz, Thomas (1974), La fabricación de la locura, Kairós.
- Szasz, Thomas (1976), El Mito de la Enfermedad Mental, S.A. Amorrortu; Buenos Aires.