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Los valores personales, obra de René Magritte de 1952, expuesta en La máquina Magritte

Expectativas: problemática de la anticipación

Expectativas vs. expectación: ¿Cuál es la diferencia?

En primer lugar, las palabras pueden ser engañosas. A veces, términos que parecen similares esconden matices cruciales que los diferencian. Tal es el caso de «expectación» y «expectativas», aunque ambos aluden a lo que aguardamos del porvenir, no son meras variantes la una de la otra: hay un sutil abismo entre ellas que debemos sortear con cuidado para emplearlas de manera precisa.

¿Qué significa la expectación?

Según el diccionario, «expectación» significa «inquietud o ansiedad que genera la espera de algo que interesa»; por tanto, es inadecuado su uso como «expectativa o esperanza», confusión ocasionada por el influjo del inglés «expectation».

Ejemplos en oraciones:

  • La expectación por el estreno de la película era palpable
  • El anuncio del ganador generó una gran expectación en la audiencia

La intranquilidad como afecto surge ante cualquier alteración del ánimo, ya sea expectación, impaciencia, preocupación o temor. La inquietud es esa carencia de sosiego, de reposo y quietud que los franceses definen con tanto cuidado: «Estado de agitación, de inestabilidad del espíritu determinado por la espera de un acontecimiento, de un sufrimiento que se teme, por la incertidumbre, la irresolución en la que uno se encuentra. Alarma, miedo, pena, terror, aprensión, fastidio, malestar.»

Ademáa, existe un tipo particular de inquietud que los psicoanalistas conocemos muy bien: desvivirse por alguien o, lo que es lo mismo, sacrificarse. Implica una atención desmedida, esforzada, un afán que vacía al sujeto de su propia vida al entregarla por completo a otra persona. Es la incansable tenacidad de la generosidad y de la obsesión.

¿Qué son las expectativas?

Etimológicamente, «expectativa» se relaciona con la acción de mirar hacia adelante, esperar o anticipar algo que está por venir, y se utiliza para referirse a la anticipación o la esperanza de que algo suceda en el futuro. La palabra «expectativa» tiene su origen en el latín «expectatio», que a su vez deriva del verbo «expectare», compuesto por «ex» (hacia afuera) y «spectare» (mirar).

Ejemplos:

  • Mis expectativas para el nuevo proyecto son muy altas
  • Las expectativas económicas para el próximo año son buenas

Las expectativas son anticipaciones muy personales y subjetivas que alguien tiene sobre algo que espera que ocurra. Estas compañeras silenciosas tienen un poder sutil pero significativo, capaz de teñir nuestros afectos y actos con tintes de alegría o de fracaso.

La brecha entre expectativas y realidad

La vida está llena de experiencias que no cumplen con nuestras expectativas previas. Ya sea en el trabajo, las relaciones personales o los proyectos, es común encontrarnos con una brecha, una disparidad entre aquello que esperábamos y lo que finalmente obtuvimos. Esta divergencia puede generarnos frustración, decepción, enojo o tristeza. Soñamos con un ascenso que no llega, deseamos que una relación perdure o nos ilusionamos con el éxito de un emprendimiento, solo para chocar contra una realidad que no alcanza nuestras aspiraciones.

¿De dónde surge esta diferencia? En parte, porque somos malos pronosticando cómo resultarán las cosas y tendemos a ser demasiado optimistas cuando anticipamos eventos deseados y excesivamente pesimistas con aquellos que tememos. Otro factor es que no contemplamos que variables externas pueden impactar en los resultados, desde factores económicos y sociales, hasta acciones de terceros que alteran cualquier planificación. La clave está en no atarse demasiado a un resultado prefijado y adaptarse a los cambios inesperados sin resignar los propios deseos.

Esa disparidad entre lo esperado y lo obtenido, esa falta de correspondencia emerge como una problemática intrínseca a lo humano, y su análisis filosófico revela matices complejos en la percepción y respuesta ante esta.

El existencialismo, encabezado por pensadores como Jean-Paul Sartre, sitúa al individuo frente a la responsabilidad de forjar significado en la vida, aun en la disonancia entre las expectativas y la realidad. Tal separación se convierte en un terreno donde se explora la libertad de elección y la capacidad de atribuir significado a una existencia aparentemente absurda.

La popularidad del estoicismo ha sido impulsada, en parte, por su comercialización. Libros, cursos, y programas de desarrollo personal han empaquetado los principios estoicos en productos de fácil consumo. Esta mercantilización desvirtúa la profundidad filosófica del estoicismo, reduciéndolo a un conjunto de tácticas de autoayuda superficiales. Al centrarse en el control interno y la aceptación de las circunstancias externas, el estoicismo de autoayuda puede llevar a una actitud de resignación frente a problemas sociales y políticos. Esta perspectiva puede ser problemática en un momento en que se requiere acción colectiva y responsabilidad social.

En la filosofía budista, la disparidad entre las expectativas y la realidad se enmarca en la comprensión de la impermanencia. La práctica de la aceptación y la renuncia al deseo se convierten en herramientas para mitigar el sufrimiento asociado con la discrepancia entre lo anhelado y lo logrado.

Desde el pragmatismo de William James, la disparidad se aborda de manera práctica. La atención se desplaza de las expectativas o ideales hacia la implementación de soluciones concretas. Se enfatiza la acción efectiva como respuesta a la disonancia entre lo esperado y lo obtenido.

La psicología cognitiva, al centrarse en procesos mentales como la percepción, memoria y resolución de problemas, comparte la perspectiva pragmática al buscar comprender cómo estos procesos funcionan en la práctica y cómo pueden aplicarse para mejorar el rendimiento cognitivo, sin tomar en cuenta la subjetividad y los procesos inconscientes.

La fenomenología, representada por Edmund Husserl, examina la disparidad desde la experiencia consciente. Se investiga cómo percibimos y experimentamos la divergencia entre nuestras expectativas y la realidad, profundizando en la estructura de la conciencia para comprender la naturaleza de esta disonancia.

El utilitarismo propone evaluar la disparidad en términos de maximización del bienestar. La brecha entre lo esperado y lo obtenido se analiza en relación con su impacto en el bienestar general, guiando decisiones que buscan minimizar el sufrimiento y maximizar la felicidad como medios para equilibrar esta discrepancia.

Deseamos lo que es deseable

Lo que deseamos no es algo que surja a nivel individual, sino que deseamos lo que es deseable, y lo que es deseable es determinado por el Otro. Dicho de otra manera, los deseos y expectativas son formados por el marco simbólico, por el sistema de discursos (lenguaje) que determina lo que significan las cosas: se determina lo que es deseable.

El lenguaje, por tanto, materializa el deseo, y es lo simbólico lo que lo hace posible. El sujeto, lo que desea, es lo que ve que es deseable en un sistema de significados, y lo que otros ven deseable, es aquello que deseamos ser. Esto produce un desgarro del yo. En su Seminario 20, Lacan, refiriéndose a jouissance, señala: «El goce se sitúa en la hiancia que separa al deseo de la demanda» (Lacan, 1972-1973, p. 10). Esta «hiancia» puede relacionarse con la distancia entre nuestras expectativas (demandas) y el deseo que nunca se satisface completamente.


Referencias bibliográficas

  • Diccionario de la Real Academia Española (DRAE). (2023). Expectativa. En Diccionario de la lengua española (23.ª ed.). Recuperado de https://dle.rae.es/expectativa
  • Diccionario de la Real Academia Española (DRAE). (2023). Expectación. En Diccionario de la lengua española (23.ª ed.). Recuperado de https://dle.rae.es/expectación
  • Kant, I. (1785). Fundamentación de la metafísica de las costumbres
  • Husserl, E. (1913). Ideas relativas a una fenomenología pura y una filosofía fenomenológica.
  • Lacan, J. (1966). Escritos (Écrits).
  • Lacan, J. (1977). El seminario. Libro XI. Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis.

Imagen: vista de la obra «Los Valores Personales· (1952) que forma parte de la exposición «La máquina Magritte «EFE/ Emilio Naranjo