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Psicofármacos de colores y formas variadas

«Sedados»: el consumo de psicofármacos en Occidente

Sedados, de James Davies, analiza la relación entre psicofármacos y neoliberalismo. En esta reseña me interesa destacar algunas de sus ideas más relevantes.

El autor identifica claramente que la raíz económica del problema actual sobre el consumo de psicofármacos en occidente es el hecho de que aquellas formas de subjetividad que amenazan el funcionamiento óptimo del mercado se convierten en las más fácilmente patologizadas y desacreditadas, junto con otras formas de ser consideradas antitéticas al gran proyecto neoliberal.

Los psicoanalistas somos conscientes de que, cuando un sujeto se presenta en los servicios de salud angustiado o triste como consecuencia de dificultades vitales importantes, el primer recurso del especialista es el psicofármaco y, en algunas ocasiones, la TCC (terapia cognitivo-conductual). El objetivo: ¡volver al trabajo rápidamente!

Davies demuestra en su investigación que en contadas ocasiones se pone a disposición de las personas lo que él llama las terapias de la conversación, que pueden facilitar mejor la confrontación con sus dificultades vitales y su resolución. Además, muchos sujetos a quienes se les prescriben psicofármacos como tratamiento no padecen en absoluto problemas biológicamente identificables, sino que experimentan las consecuencias de dificultades vitales.

El ideal neoliberal de salud

Davies explica que las grandes corporaciones y los gobiernos contribuyeron en su momento, y contribuyen aún hoy, a promover una concepción de la salud que sitúa como ideal a una persona con estas características: resiliente, optimista, individualista y económicamente productiva.

Ese ideal no significa otra cosa que alguien capaz de satisfacer las necesidades del mercado, con un enfoque centrado en aliviar, sedar y despolitizar el sufrimiento una lógica que atraviesa la relación entre psicofármacos y neoliberalismo de manera estructural.

Políticas económicas y salud mental

En una entrevista sobre el libro, Davies señaló que el sector de la salud mental prácticamente no ha encontrado marcadores biológicos que respalden su tratamiento de la angustia, y que su «base de pruebas» varía y es modificable en la dirección en que los poderosos grupos de interés exigen que vaya. El autor destaca que esta connivencia no se ha producido de forma conspirativa o calculada, sino como consecuencia de la lucha del sector de la salud mental por sobrevivir bajo el conjunto de disposiciones económicas neoliberales.

Los cinco mecanismos del sector

Davies identifica los siguientes mecanismos que explican cómo ha podido prosperar el sector en el cruce entre psicofármacos y neoliberalismo, a pesar de sus constantes malos resultados:

Despolitización del sufrimiento. El sector arraiga el sufrimiento únicamente en causas individuales y no en razones sociales, favoreciendo así al yo por encima de cualquier crítica a la economía actual y de la capacidad de reforma social y económica.

Privatización del sufrimiento. El sector redefine la salud mental individual en términos compatibles con los objetivos de la economía. La salud se caracteriza por valores, sentimientos y comportamientos como la ambición personal, el trabajo y la positividad que conducen al crecimiento económico, a la conformidad cultural y a una mayor productividad laboral, independientemente de si son deseables para el sujeto y la comunidad.

Patologización del sufrimiento. Los comportamientos o emociones que perturban o alteran el orden establecido — considerados inconvenientes desde el punto de vista de ciertas autoridades — son convertidos en patologías que requieren un encuadre y una intervención médica.

Mercantilización del sufrimiento. Convierte el sufrimiento en una oportunidad de mercado muy lucrativa para la industria farmacéutica, que fabrica sus supuestas soluciones extrayendo de ellas mayores beneficios, mayor valor de las acciones e ingresos fiscales.

Descolectivización del sufrimiento. Ha dispersado el sufrimiento social en diversas disfunciones individuales, reduciendo así las experiencias colectivas y compartidas que en épocas anteriores constituían un estímulo vital para el cambio social.

Identidad, consumo y valor personal

Ante la pregunta de por qué el ethos neoliberal se ha vuelto tan poderoso en la sociedad, Davies señala que desde los años ochenta y noventa cada vez más personas derivan su identidad y su autoestima de las posesiones. Todo aquello que consumimos se convierte en indicador externo de éxito: cuantas más posesiones y reconocimiento, más aumenta la valía como persona.

El autor enfatiza cuán poderosamente la política económica afecta la dirección en que todos nos esforzamos, moldeando nuestras identidades, objetivos, personalidades y experiencias en el proceso. La política económica conlleva una teoría de la naturaleza humana: una idea de lo que es saludable y lo que no, de lo que es moral y lo que es funcional, de lo que nos motiva y de lo que constituye una buena vida. Los sistemas económicos tienen la capacidad de moldear los sistemas psicológicos, y en ocasiones lo hacen de manera insidiosa.

Según Davies, la psiquiatría utiliza el simbolismo médico para dar a sus decires y su práctica un aire de autoridad del que de otro modo carecería, reformulando la experiencia humana de una manera que en sí misma parece benévola e indispensable, a través de símbolos médicos como enfermedad, dolencia, trastorno, patología, diagnóstico, disfunción, enfermedad mental. De esta manera, el modelo explicativo actual de la psiquiatría ubica las diversas experiencias de sufrimiento humano dentro del ámbito de su propia jurisdicción, reconfigurando el sufrimiento como un problema esencialmente médico que su conocimiento especializado está en una posición única para tratar.

Las comunidades han desarrollado, según Davies, una profunda intolerancia hacia el sufrimiento. Profesionalizar la gestión de la salud mental nos ha descalificado e intimidado: las comunidades ya no confían en tener la sabiduría o los recursos para responder con eficacia. Desde entonces «exiliamos a los enfermos a expertos en consultas situadas lejos de los muros de la comunidad, que a su vez acaban, a menudo con buenas intenciones, transfigurando el sufrimiento en una mera mercancía.»

La angustia como inconveniencia económica

Asistimos a una profunda intolerancia a la angustia, que se articula con el prejuicio contra cualquier emoción económicamente inconveniente — y así lo establece explícitamente el DSM, el manual en que se basa principalmente la psiquiatría y las guías clínicas de salud mental.

«Toda la preocupación de las profesiones psicológicas de mediados de siglo por reconocer y hacer un uso efectivo de todas nuestras facultades humanas fue reemplazada por una obsesión profesional por hacer que las personas sean más capaces de satisfacer medidas económicas abstractas, como volver al trabajo rápidamente.»

¿Qué propone el psicoanálisis frente al uso masivo de psicofármacos? El psicoanálisis no se opone al uso clínico de los fármacos, pero sostiene que el sufrimiento psíquico no es reducible a un déficit biológico. La angustia, la tristeza o la inhibición tienen una lógica subjetiva que ningún fármaco puede elaborar — solo silenciar. El vínculo entre psicofármacos y neoliberalismo alcanza su expresión más clara en el tratamiento de la angustia. Desde el psicoanálisis sabemos que la angustia nos confronta con un conflicto y con la posibilidad de un cambio  y sobre todo con la necesidad de reinventar el mundo para que tenga sentido, en la creación de nuevos territorios existenciales.


Bibliografía citada

Davies, J. (2022). Sedados: cómo el capitalismo moderno creó la crisis de salud mental. Capitán Swing

Barnes, J. (2021, 26 de junio). Las políticas de la angustia: un diálogo con el Dr. James Davies sobre su nuevo libro Sedados. Mad in Spain. https://madinspain.org/las-politicas-de-la-angustia-un-dialogo-con-el-dr-james-davies-sobre-su-nuevo-libro-sedados/